El principito

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Parte 1: Cómo me hice piloto

Cuando yo tenía 6 años, leí un libro sobre los animales de la selva. Ese libro explicaba que las boas se tragan a sus presas sin masticarlas.

Después de comer, pasan 6 meses sin moverse para hacer la digestión.

Pensé mucho sobre la selva y las boas e hice el primer dibujo de mi vida.

Enseñé mi dibujo a las personas grandes y les pregunté si les asustaba, pero pensaban que era un sombrero y no entendían mi pregunta.

Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es agotador para los niños, tener que darles explicaciones siempre. Una boa es una serpiente que mide unos 10 metros. Estrangula a sus presas y se las traga enteras.

Así que hice mi dibujo 2 para aclarar que se trataba de una boa que se come un elefante.

Las personas grandes me aconsejaron que pensara más en la geografía, la historia y el cálculo. Así que abandoné la idea de ser pintor.

Tenía que elegir otro oficio y me hice piloto de aviones. Viajé por todo el mundo y conocí a mucha gente seria. Siempre llevaba conmigo mi dibujo número 1 y cuando conocía a una persona grande que me parecía más espabilada, le enseñaba el dibujo.

Pero la persona grande siempre pensaba que mi dibujo era un sombrero. Así que yo me ponía a su altura y le hablaba de política y corbatas.

La persona grande pensaba que yo era un adulto muy razonable y se quedaba contenta.

Durante mucho tiempo viví bastante solo, porque no tenía a nadie con quien hablar de cosas importantes.

En realidad, yo soy un poco como las personas grandes. Doy demasiadas explicaciones. Debo de haber envejecido.

Escribo todo esto para recordar a un amigo. Es muy triste olvidar a un amigo. No todo el mundo ha tenido uno.

Parte 2: Como conocí al principito

Hace 6 años, estaba volando sobre el desierto del Sahara y se estropeó el motor de mi avión.

Estaba completamente solo. No tenía mecánico ni pasajeros. Tenía que reparar el avión yo mismo y solo tenía agua para 8 días.

Era una cuestión de vida o muerte. La primera noche me quedé dormido sobre la arena a miles de kilómetros de cualquier lugar habitado. Me sentía como un náufrago en medio del océano.

Os podéis imaginar mi sorpresa cuando me despertó una extraña vocecita que me dijo:

vocecita — Por favor, ¡dibújame un cordero!

Di un respingo y me froté los ojos. Vi una personita extraordinaria que me miraba fijamente.

Esa personita no parecía asustada, ni hambrienta, ni sedienta ni tenía miedo. No parecía alguien perdido en medio del desierto.

Este es el mejor retrato que hice de él. Mi dibujo no es tan fascinante como la persona real.

Pero no es culpa mía, las personas grandes me desanimaron y dejé de dibujar. Solo aprendí a hacer elefantes dentro de boas.

Cuando me recuperé de la sorpresa pregunté a esta personita:

yo — ¿Qué haces aquí?

Pero no contestó. Me volvió a pedir:

personita — Por favor, dibújame un cordero.

Como si fuera una cosa muy seria. El misterio de esa petición era tan grande, que no pude desobedecer.

Como no sabía dibujar, dibujé lo único que había dibujado en toda mi vida: la boa que se come un elefante. Aquella personita me dijo:

personita — ¡No! Eso es un elefante dentro de una boa. Mi casa es muy pequeña, no cabe un elefante y las boas son peligrosas. Dibújame un cordero.

Me quedé muy sorprendido, nadie había entendido nunca mi dibujo. Así que dibujé un cordero. Aquella personita lo miró con atención y me dijo:

personita — ¡No! Este cordero está muy enfermo. Haz otro.

El siguiente cordero que dibujé tampoco le gustó porque decía que tenía cuernos y que no era un cordero, que era un carnero. Un carnero es el macho adulto de la oveja.

El tercer cordero que dibujé era demasiado viejo y él quería un cordero que viva mucho tiempo.

Se me acabó la paciencia, así que dibujé una caja y le dije:

yo — Tu cordero está dentro de esta caja.

Aquella personita sonrío feliz y dijo:

personita — ¡Es exactamente como lo quería!

Me quedé muy sorprendido. Me preguntó:

personita — ¿Crees que este cordero necesita mucha hierba? Es que en mi casa todo es muy pequeño.

Y así fue cómo conocí al principito.

Parte 3: El planeta del rpincipito

Los baobabs. Los volcanes. Las puestas de sol. La flor

Los días pasaban mientras yo reparaba el motor y hablaba con el principito.

Un día, el principito miró mi avión y me preguntó:

principito — ¿Qué es eso?

yo — Es un avión. Sirve para volar.

principito — Entonces, ¿tú también has venido de otro planeta?

Cuando me hizo esa pregunta, todo me pareció más claro. Y le pregunté:

yo — Así que, tú vienes de otro planeta, ¿verdad?

Pero no me contestó. El principito nunca renunciaba a una pregunta y nunca contestaba las mías.

Necesité mucho tiempo para saber de dónde venía.

El principito cogió el cordero que yo le había dibujado y lo miró.

principito — Me gusta la caja del cordero porque puede ser su casa de noche.

yo — También te puedo dibujar una cuerda y un palo para que lo ates.

Esa idea parecía disgustar al principito.

principito — ¿Atarlo? ¿Para qué?

yo — Para que no se escape.

El principito se echó a reír y dijo:

principito — No importa, donde yo vivo es muy pequeño. Aunque camines y camines, nunca puedes ir muy lejos.

Así supe que su planeta era muy pequeño, casi tanto como una casa.

Tengo serías razones para pensar que el principito vive en el asteroide B12.

Un asteroide es un planeta muy pequeño. Puede ser tan pequeño como una roca.20

La verdad es que existen muchos asteroides que no tienen nombre porque son muy pequeños.

Cuando un astrónomo descubre uno, le pone un número o un código.

Explico cuál es el número del asteroide para las personas grandes. Las personas grandes aman los números.

Cuando le hablas de un amigo nuevo, nunca te preguntan lo importante. Como, por su tono de voz o si colecciona mariposas.

Te preguntan qué edad tiene, cuántos hermanos tiene o cuánto pesa.

Un astrónomo es una persona que estudia las estrellas, los planetas y todo lo que contiene el Universo.

Los baobabs

Cada día conocía un poco más sobre la vida del principito.

El tercer día descubrí el drama de los baobabs.

El principito me preguntó muy serio si los corderos comían arbustos. Yo le dije que sí y él se puso muy contento.

principito — Entonces, ¿los corderos también comen baobabs?

Yo le expliqué que los baobabs no son arbustos, son árboles gigantescos.

principito — Pero, primero son pequeños y luego crecen, ¿verdad? Mi cordero se los puede comer cuando todavía son pequeños.

yo — Eso es cierto. Pero ¿por qué es tan importante que tu cordero coma baobabs?

principito — ¡Es evidente! Un baobab es un tipo de árbol que crece en África. Puede medir hasta 10 metros de alto.

El principito no explicó nada más y yo tuve que pensar bastante para entender el problema.

El planeta del principito es muy pequeño.

Si un baobab crece, puede invadir todo el planeta y hacerlo estallar con sus raíces.

Esto es lo que pasa cuando un baobab crece.

Me esforcé mucho en hacer este dibujo porque es importante prevenir a la gente sobre el peligro de los baobabs.

Si os perdéis en un asteroide, no olvidéis lo peligrosos que son.

Por eso, todas las mañanas, después de asearse, el principito limpia su planeta y arranca todos los brotes de baobabs que crecen entre la hierba.

El principito me explicó que era una tarea muy aburrida, pero muy fácil.

Hay que tener cuidado para no confundir los brotes de baobabs con los brotes de flores.

Un brote es una planta cuando está naciendo y es muy pequeña.

Los volcanes

En el planeta del principito, había tres volcanes.

Todos los días el principito los deshollinaba.

Si los volcanes están bien limpios, sus erupciones son pequeñas, como el fuego de una chimenea.

El principito utiliza el calor de los volcanes para calentar el desayuno por las mañanas.

Las personas somos demasiado pequeñas para deshollinar los volcanes de la Tierra, por eso provocan tantas catástrofes.

Deshollinar significa limpiar una chimenea o un volcán de ceniza.

Las puestas de sol El cuarto día, el principito me dijo:

principito — ¡Me encantan las puestas de Sol! Vamos a ver una.

yo — Pero tenemos que esperar a que el Sol se ponga.

El principito me miró sorprendido.

principito — Es verdad, ¡me olvidé de que no estoy en mi hogar!

El planeta del principito es tan pequeño que para ver una puesta de sol, solo tenía que caminar unos pasos.

El principito me explicó que las puestas de sol son muy agradables cuando estás triste.

Un día vio 43 puestas de sol. Yo le pregunté si estaba muy triste ese día, pero él no me contestó.

La flor

El quinto día conocí un nuevo secreto de la vida del principito.

principito — Si un cordero come arbustos, ¿también come flores?

Me lo preguntó de manera brusca. Parecía que había meditado sobre ello durante mucho tiempo.

yo — Un cordero come todo lo que encuentra.

principito — ¿Incluso las flores con espinas?

yo — Sí, también las flores con espinas.

principito — Entonces, ¿para qué sirven las espinas?

Yo no lo sabía y además, estaba ocupado arreglando mi avión.

También estaba muy preocupado porque el agua se acabaría pronto.

No me di cuenta de lo preocupado que estaba el principito.

Como yo no respondía a su pregunta, el principito insistió:

principito — Entonces, ¿para qué sirven las espinas?

El principito nunca renunciaba a una pregunta. Yo le contesté molesto:

yo — Las espinas no sirven para nada. Las flores solo las tienen porque son malvadas.

El principito se quedó callado durante un rato y luego me dijo con rencor:

principito — No te creo. Las flores son ingenuas y débiles. Se protegen como pueden.

Yo no le respondí nada. Estaba molesto porque no conseguía reparar el motor de mi avión.

El rencor es un sentimiento que sucede cuando alguien te ha hecho daño y no le has perdonado.

El principito me volvió a interrumpir y le grité:

yo — ¡No lo sé! ¡Te he contestado lo primero que se me ha ocurrido! ¡Yo me ocupo de cosas serias!

El principito me miró extrañado.

principito — ¿Cosas serias?

El principito me observaba. Yo tenía un martillo, las manos sucias y me inclinaba sobre el motor, que a él le parecía muy feo.

principito — ¡Hablas como las personas grandes!

Me avergonzó que pensara eso. El principito añadió:

principito — ¡Lo confundes todo! ¡Lo mezclas todo!

El principito estaba realmente enfadado.

principito — Conozco un planeta donde hay un señor que nunca ha olido una flor, que nunca ha mirado una estrella y que nunca ha amado a nadie. Solo sabe hacer sumas y repite sin parar que es un hombre serio, igual que tú. Pero no es un hombre, ¡es un hongo!

El principito seguía hablando, rojo de ira:

principito — Desde hace millones de años las flores tienen espinas. Desde hace millones de años, los corderos se comen las flores a pesar de las espinas. ¿No te parece una cosa seria entender por qué las flores fabrican espinas si no sirven para nada?

principito — ¿Qué es más importante, esta guerra entre flores y corderos o las sumas de aquel señor? Yo tengo una flor que es única en el mundo. Solo existe en mi planeta. Un cordero se puede comer mi flor, ¿y eso no es importante?

El principito no pudo decir nada más. Rompió a llorar. Ya no me importaba mi motor, ni la sed, ni la muerte.

Había un principito que necesitaba consuelo. Abracé al principito y lo acuné. Le dije:

yo — Dibujaré un bozal para el cordero, y una armadura para proteger a la flor. Dibujaré lo que necesites.

No sabía que más decir. No sabía cómo consolarlo. El país de las lágrimas es muy misterioso.

El principito me contó la historia de su flor. Una mañana descubrió un brote de hierba diferente.

El principito observó el brote con atención, preocupado por si era un brote de baobab.

Después de muchos días, nació una flor muy hermosa, y también muy coqueta.

La flor eligió sus colores y se vistió con cuidado.

El principito estaba maravillado por la belleza de la flor, pero enseguida se dio cuenta de que era un poco vanidosa.

La flor pedía muchos cuidados al principito.

También decía que era tan valiente que no tenía miedo a enfrentarse a un tigre.

Algunas veces la flor se inventaba mentiras para impresionar al principito.

Llegó un día en que el principito se cansó de vivir con una flor tan vanidosa y decidió marcharse de su planeta.

El principito decidió dejar su planeta y viajar por el universo para aprender y conocer otras ocupaciones.